miércoles, 24 de octubre de 2007

La exposición Los Etruscos en el Museo Arqueológico

Tras un anterior intento fallido, el pasado sábado, Margarita y yo fuimos a la exposición Los etruscos que se inauguró hace varias semanas en el Museo Arqueológico Nacional.

Frontón del Templo de TalameneDe toda la visita, yo me quedo con las terracotas polícromas del frontón del Templo de Talamene, que cuenta en sus bajorrelieves la historia de Los 7 contra Tebas.



En lo que se refiere al resto de piezas de la exposición, parecen haber sido obtenidas de antiguas necrópolis. Entre las más antiguas (s.VIII AC, periodo villanoviano) se encuentran urnas cinerarias con forma de cabaña, lo que da pistas sobre la forma de vida en estas poblaciones.

Canopo femeninoEn los siglos posteriores, estas urnas fueron evolucionando hacia formas humanas (antropomorfas), que recuerdan a los vasos canopos egipcios (eso nos explicó el guía). También vimos una urna cineraria con forma de templo, muestra de la evolución del concepto de religión y, de periodos posteriores, bastantes ejemplos de sarcófagos con relieves. En estos sarcófagos generalmente Urna cinerariase representaba al difunto reclinado tomando parte en un banquete o simposio y, en los laterales, relieves con temas mitológicos, Heracles (Hércules para los amigos) era el gran protagonista. Como anécdota, el guía nos comentó que a medida que se fueron generalizando entre la población, la producción se estandarizó, dando lugar a sarcófagos con relieves similares, vamos, que los hacían en serie. Por ejemplo, en la exposición había dos idénticos mostrando la entrada del difunto en las puertas del cielo.

Fíbula etruscaEn los ajuares también se encontraron fíbulas, equivalentes a los actuales imperdibles, y objetos que hacían referencia a la ocupación del difunto, como husos en el caso de las mujeres y cascos o carros de guerra en miniatura en el caso de los hombres.

Mención aparte merece la cerámica, importada de Grecia en muchos de los casos y con rasgos autóctonos en otros ejemplos. Me llamaron especialmente la tención unas vasijas de un color grisáceo que se obtenía al eliminar el oxígeno en la cocción.

La visita, en resumen, es recomendable, pero no esperéis ver el Sarcófago Cerveteri del Louvre ni nada parecido, la colección es bastante más modesta.

Efectos colaterales: la consigna

La llegada al museo no fue especialmente agradable. La persona que estaba en recepción señaló nuestras “mochilas” y nos dijo que debíamos dejarlas, junto con los abrigos, en consigna. A pesar de hacerle ver que no eran mochilas lo que llevábamos sino un bolso de mujer y una pequeña bolsa del tamaño de un libro, en las que llevábamos todas nuestras cosas, dinero y DNI incluidos, se limitó a contestarnos un amable “A mi eso me da igual, hay que dejarlo en consigna”. Como no nos convencía mucho, le preguntamos por el motivo y nos dio uno bastante contundente “es que al moveros podéis dar con vuestras cosas en las obras expuestas”. Impresionante argumento. Para alguien como yo, que visita un museo cada 3 días prácticamente, la medida me parece exagerada, pero bueno, consideré que el hombre hacía su trabajo y que no merecía la pena discutir más.

Y fuimos a la exposición, en la planta de arriba. ¡Cual fue nuestra sorpresa al ver que allí había mucha gente con bolsos y abrigos como si tal cosa! Y tras un análisis de la situación descubrimos que todas las personas que podían considerarse jóvenes habían tenido que dejar sus cosas en consigna, mientras que las que podemos denominar de más edad las llevaban como si tal cosa. Puedo ser malpensado, es cierto, pero a mi todo eso me sonó a una medida bastante prejuiciosa.

La visita guiada

En la página web del museo habíamos leído que los sábados a las 18:00 se organizaba una visita guiada y el primer sábado tras la inauguración fuimos para allá a eso de las 17:45. Mala idea, el grupo, de solo 15 personas, se había formado a las 17:00.

Así que, tratando de evitar que nos ocurriera lo mismo, este pasado sábado volvimos a intentarlo, pero esta vez yendo a las 17:00.

Tratando de pasar por alto el tema “mochilas”, llegamos, como digo, al piso de arriba, a la entrada de la exposición. Allí había una enorme cola de gente esperando entrar. A pesar de nuestro susto inicial, resultó que esa cola no correspondía a la gente que esperaba la visita guiada, nosotros tuvimos que esperar en una sala de al lado, la de numismática, a que llegara el guía, 45 minutos más tarde.

Como me temía, poco antes de llegar el guía, una de las vigilantes de seguridad intentó completar el grupo de 15, ya que sólo estábamos Margarita y yo, preguntando a la gente que hacía cola, y se quiso apuntar todo el mundo. Les costó formar el grupo, tanto que finalmente no fuimos 15 sino alguno más. El guía llegó, nos entregó una chapita a cada uno y entramos en la exposición.

La primera conclusión que saqué una vez dentro de la exposición es que somos unos pringados, en esta vida lo que se llevan son los listos. A pesar de haber estado allí una hora antes y de que los grupos solo podían ser de 15 personas, en nuestro caso unas 20, en cuanto la gente vio a un guía, se acoplaron descaradamente al grupo.

Lo más gracioso es que al finalizar la visita guiada, el guía nos pidió que le acompañáramos a la salida porque tenía órdenes de no dejar que siguiéramos visitándola por nuestra cuenta, y claro, los acoplados, que no tenían chapita, pronto se escaquearon y siguieron disfrutando de la exposición a sus anchas. Lo dicho, los listos siempre ganan.

1 comentario:

Luis dijo...

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Luis