viernes, 31 de agosto de 2007

Notre Dame

Notre Dame siempre me ha recordado a Britney Spears, preciosa por fuera pero vacía por dentro. Me lo pareció la primera vez que fui y me lo pareció de nuevo en esta ocasión. La decoración exterior es genial, con esas torres y sobre todo las gárgolas. Sin embargo, de su interior solo destacaría el rosetón central.

La verdad es que esta vez tenía ganas de visitar la catedral para poder subir a las torres, ya que varios amigos me lo habían recomendado fervientemente. Ahora esos amigos están en busca y captura y juro que me vengaré de ellos en esta vida o en la otra. Pero vayamos por partes.

La espera

Notre Dame y la puesta de SolEl bono museos era válido para entrar en Notre Dame, pero en este caso excepcional no permitía saltarse la cola por motivos de seguridad, así que tuvimos que esperar la cola como todo hijo de vecino. La espera se nos hizo amena porque estuvimos haciendo escapadas por turnos a las tiendas de souvenirs que teníamos enfrente. Además, la espera me sirvió para aprender un juego japonés similar al piedra, papel o tijera con el que una familia de turistas nipones que tenía al lado se estuvieron entreteniendo todo el rato; los jugadores juntaban las manos como cuando juegas al voley y el que la ligaba levantaba uno de los pulgares, teniendo que imitarle el resto; me gustaría saber el nombre, si lo conoces, deja el comentario, please.

El infierno

Tras hora y media de espera nos tocó el turno, y junto a otras 15 o 20 personas iniciamos el asenso a las torres, o como yo prefiero llamarlo, nos adentramos en el infierno. Así que empezamos a subir las interminables escaleras ¡y que horror! A ver, yo no soy imbécil (a pesar de lo que digan mis tests de inteligencia), no esperaba que hubiese un ascensor, pero aquello fue demasiado. No me extraña que fuera la morada del Jorobado, es que cualquiera que hubiera vivido allí habría acabado con chepa de subir y bajar día tras día esas escaleras.

En total son unos 350 escalones y su problema, más que el número, es que no hay descansillos, y debido a su estrechez, ya que no miden más de medio metro, impiden que te pares ya que provocarías un atasco que ni la Castellana en hora punta. Así que no te queda más remedio que subir del tirón todas las escaleras. Tengo que confesar que uno ya no es el joven activo y vital que era hace unos años, o unas décadas, y puede que eso me influyera para no aguantar nada, pero la verdad es que el ascenso tuvo más consecuencias físicas negativas de las que en su momento pensé.
Vistas con gárgolasVistas con gárgolas







La recompensa

Pero lo mejor lo encuentras arriba, en las torres, junto a las gárgolas. Unas vistas espléndidas de París, bastante fotogénicas, de hecho creo que, con diferencia, aquí saqué las mejores fotos. Las gárgolas con París al fondo, con la torre Eiffel, el Sacre Coeur…dan mucho juego. Si tengo que dar una opinión definitiva de Notre Dame diría que, si no sois unos viejos achacosos como yo, merece mucho la pena la subida. Si no queréis aguantar una hora de cola y 350 escalones, aprovechad mejor para ir a otro sitio.

2 comentarios:

J.P.E dijo...

¡Jajajaja! ¡Me parto! Que la catedral de Notre Dame es como la Spears; fachada bonita pero vacía por dentro. ¡Buenísimo!

wontonsopabuena dijo...

Pues iba a compararla con Paris Hilton, pero lo descarté porque me parece que la pobre ya tiene suficiente con lo suyo.