El Arco del Triunfo
Cuando se me pasó el enfado me puse a ver el famoso monumento. Está situado en el interior de una enorme rotonda a la que los turistas acceden de dos maneras posibles: los desequilibrados mentales se lanzan a la aventura cruzando la rotonda y esquivando los coches; los turistas normales cruzan por un subterráneo. Luego estamos los turistas-seta como Margarita y yo, que tras 5 días pateándonos la ciudad nos conformamos con verlo de lejos. Tampoco hay mucho que ver, teniendo la torre Eiffel, Notre Dame o el Sacre Coeur esto se me queda corto.
Estando allí disfrutamos de un momento-emoción. Cerca de nosotros, una pandilla de jovencitos españoles estaban armando más bulla que el fondo sur del Bernabeu en un Madrid-Barça. Lo que me tocó la fibra sensible es oír como esta chiquillería empapaba a los franceses de cultura española cantando el “No nos moverán” del siempre querido Chanquete (que en paz descanse).
La rue Fauburg-Saint Honoré
Chanquete y el Arco del Triunfo...semejante mezcla nos hizo temer que se rompiera el continuo espacio-tiempo y huimos de allí antes de que fuera demasiado tarde. Y llegamos a la rue Faubourg-Saint Honoré, una de las calles más caras de Europa. La tienda más cutre es de Versace, es una calle tan pija que no te dejan pasear por ella con zapatillas deportivas. Yo tuve que alquilar una corbata para recorrerla.
Como ejemplo de lo que vimos en esos escaparates, a mi casi se me desprenden las retinas cuando vi el precio de un minibolso tan pequeño que en él no cabría la tarjeta de crédito con la que tendrías que pagarlo. Tenía el módico precio de 8000 euros.
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