sábado, 20 de octubre de 2007

El idioma japonés

Viajar a Japón presenta una serie de inconvenientes, de los cuales, para mí, el principal sin duda es el idioma. Cualquiera se entera de algo con esos caracteres tan raros, vamos, no sabría ni distinguir el baño de los chicos del de las chicas, aunque claro, esto también me pasa con algunos restaurantes fashion de Madrid, pero eso merecería otro post a parte.

Lo primero que uno suele pensar al respecto del idioma en Japón es que no supone realmente un problema, que casi todo el mundo habla inglés y te acabas desenvolviendo, y, después de haber leído mucho, me ha quedado claro que esto es una verdad a medias. Efectivamente, el idioma no acaba suponiendo un problema, pero no porque mucha gente hable inglés, sino por la amabilidad y hospitalidad de los japoneses, con los que, con un poco de paciencia y lenguaje gestual, te acabas haciendo entender.

Lo del inglés, realmente es una exageración bastante grande. En Japón, puede haber tanta gente que hable inglés como en España, ni más ni menos. Si te acercas a un estudiante, a un universitario, generalmente a gente joven, probablemente sepan hablar en inglés, pero en muchos otros casos no. En taquillas de metro, policías, dependientes de tiendas…lo más normal es que no hablen inglés. Es más, después de haber leído muchos foros, incluso en más de una oficina de Atención al Turista no se habla más que japonés. Pero lo dicho, con paciencia y una sonrisa, se puede entender.

Métodos de idiomas para autodidactas

De todas formas, tenía tantas ganas de disfrutar del viaje en todos los sentidos que, aprovechando todo el tiempo que quedaba, y que tnía muchas tardes libres, decidí empezar a estudiar japonés. En primer lugar empecé en plan autodidacta, con métodos de idiomas.

La escritura japonesa se compone de 2 alfabetos, Hiragana y Katakana , y un enorme conjunto de ideogramas, llamados Kanjis. Así que había que empezar por lo básico, por aprenderme su alfabeto, por lo que el primer libro que me compré fue Kana para recordar. Simplemente imprescindible. Con algo de constancia, en 2 semanas entiendes ambos alfabetos. Leerás como un niño pequeño, pero al menos leerás.

Una vez que entendía Hiragana y Katakana me puse con el primer método de idioma, El japonés fácil. Es un método bastante bueno. Lo mejor, el CD que contiene diálogos que viene muy bien para los temas de pronunciación. Lo peor, que incluye bastante vocabulario y poca gramática para mi gusto. Pero lo recomiendo.

Después me compré una gramática japonesa muy recomendada en muchos sitios, la gramática de Nihongo. Efectivamente, es muy buena pero te exige un nivel mínimo que yo no tengo, así que la tengo aparcada esperando tener un mayor nivel.

Por último, me compré el método de japonés Japonés en Viñetas, su libro de ejercicios y el de Kanji en Viñetas. De los mismos autores que Kana para recordar. Simplemente geniales, muy bien hechos, un equilibrio perfecto entre vocabulario, Kanjis, gramática... El mejor método sin duda para aprender japonés por cuenta propia. Aunque echo de menos en ellos un CD con diálogos, frases o expresiones.

Academias

Estos métodos me sirvieron para darme cuenta de un par de cosas:

• el japonés realmente es muy fácil, una pronunciación fonética casi idéntica al castellano y una gramática muy sencilla, lo peor, desde luego, memorizar sus innumerables kanjis.
• Yo no tengo la constancia suficiente para estudiarlo por mi cuenta, que si me engancho con Los Simpsons, el fútbol, etc…Necesito tener a alguien detrás metiéndome caña.

Así que decidí buscar academia. Y para eso tuve que esperar hasta hace un mes escaso, al inicio del año académico. Recomiendo la web Infoidiomas, donde te enumeran todas las academias de idiomas de España.

Yo en Madrid tuve que descartar la Escuela Oficial de Idiomas Jesús Maestro que por falta de puntos no me cogió, y tuve que decantarme entre el CSIM, dependiente de la Universidad Complutense de Madrid y la academia Actual Plus . Finalmente, por permitir el pago mes a mes (el CSIM es anual) me decidí por esta última y me matriculé en ella. Empiezo el curso el próximo Lunes 22, ya os contaré qué tal es.

Un viaje con muuuuuuucha preparación

Uno de mis sueños de siempre había sido visitar Nueva York, sin embargo, debido a mi miedo a hacer un viaje tan largo en avión nunca me atreví a dar el paso. Hasta el verano de 2005, en el que vi una oferta de viaje tan buena, casi irrechazable, que no desaproveché.

Y de un plumazo perdí el miedo al avión, porque lo que me encontré allí fue una ciudad grandiosa, literalmente, hasta el edificio más normal tenía 50 plantas, una ciudad que me hizo darme cuenta de la cantidad de mundo que me queda por conocer. El viaje fue una experiencia maravillosa que algún día me gustaría poner por escrito en un blog. Me marcó tanto que desde mi vuelta no pienso más que en recorrer mundo.

Pocos días después de regresar de mi viaje a Nueva York, y todavía sin recuperarme de la impresión, vi en el cine la que se convertiría en una de mis películas favoritas: "Lost in translation". Me pareció maravillosa la intensa relación de amor-amistad entre 2 personas perdidas en una ciudad, metáfora de lo perdidas que están en sus vidas. Y todo ello en el marco de un Tokio incomparable, mostrado en todo su esplendor, una ciudad que, al menos sobre la pantalla de cine, me pareció que podía hacer perfecta competencia a Nueva York , ¡y eso que ésta me había parecido insuperable!. Tan maravillado me quedé con lo que vi en el cine que desde ese día tengo una idea entre ceja y ceja, viajar a Japón y conocer su cultura.

Esa idea, que surgió a finales de 2005, tuve que ir aplazándola por diversos motivos, el principal, la enorme cantidad de euros que cuesta el viaje casi para cualquier bolsillo, por encima de los 3000 euros con mayorista. Pero en ningún momento dejé la idea y de vez en cuando entraba en foros de viajes o leía páginas sobre Japón. Hasta que, a principios de este año, di con www.viajeajapon.com, una web INDISPENSABLE para preparar el viaje a Japón.

Lo primero que uno aprende leyendo en su foro es que el viaje debe hacerse por cuenta propia, sin mayorista, esto da mucha más libertad, y lo más importante, te sale por la mitad de precio. Así que, superando las reticencias iniciales lógicas por el miedo de ir a la aventura a un país tan distinto, tan lejano y sobre todo con un idioma tan diferente al nuestro, tomé la decisión de preparar el viaje por mi cuenta e irme para allá en cuanto pudiera. Por motivos que comentaré en próximos posts, el viaje tendrá que esperar, probablemente a 2009, sí, aun queda tanto que Dios dirá…pero lo miro positivamente, con tanto tiempo por delante, lo aprovecharé para prepararlo con calma y de la mejor manera posible, y así, tratar de conseguir que sea el mejor viaje de mi vida. Espero poder compartirlo con todos vosotros.

domingo, 16 de septiembre de 2007

El regreso

Después de 5 días de aventuras, en los que acabamos más baldados que el equipo de "Al filo de lo imposible" en el ascenso al Everest, dedicamos las últimas horas en París a recoger con calma el chiringuito. Con calma pero con la tensión de temer una encerrona con la factura del hotel.

La estafa

Y es que habíamos hecho la reserva a través de edreams. A pesar de los muchos comentarios de los usuarios criticando el minúsculo tamaño de las habitaciones, fue su precio más o menos asequible y lo bien situado que estaba, en pleno centro a solo 200 metros del Louvre, lo que nos hizo decidirnos por él. En edreams especificaba que el régimen era con alojamiento y desayuno, pero en uno de esos grandes momentos de lucidez que tengo y por los que me he ganado el apodo de (modo sarcasmo on) "El cerebro" (modo sarcasmo off) se me pasó comprobarlo en el resguardo, y me di cuenta de que no especificaba por ningún lado el desayuno esa misma mañana.

Y dicho y hecho, la facturita nos vino con un regalo extra de 100 euros que tuvimos que pagar por los 10 desayunos (5 cada uno) que tomamos. Y ponte a discutir con el recepcionista cuando tu francés es peor que el de un chimpancé y tienes que estar en una hora en el aeropuerto. Si hasta ese momento el hotel había tenido un aprobado raspado, en ese momento suspendió sin posibilidad de ir a Septiembre. Es pues el momento de contar las delicias del "Louvre bons enfants".

Era pequeño hasta el desayuno

Los 5 euros por desayuno fueron un auténtico dolor. ¡Que desayunos! Tenían menos variedad que el fondo de armario de Homer Simpson, yo comí un día queso mohoso y más te valía no usar la tostadora más antigua del mundo ya que saltaban los plomos del edificio cada vez que la encendías (esto pasó al menos 2 veces).

El hotel, tal y como decían los comentarios de edreams, era minúsculo. Los pasillos eran tan estrechos que casi había que pasarlos de lado, lo cual no era nada fácil para alguien con barriga prominente como yo. Y menos mal que el último día no nos cruzamos por ellos en con ningún grupo de turistas, el atasco hubiera sido tal que no hubiéramos llegado a tiempo al aeropuerto.

Dentro de estos pasillos, las habitaciones estaban pegadas a otras que una noche, de madrugada, llegaron los inquilinos de la habitación que teníamos al lado y el ruido de la llave en la cerradura era tal que pensamos que estaban intentando entrar en nuestra habitación. Del susto casi me tiro por la ventana, que por otra parte, estaba justo al lado de la cama.

Pero la estrechez de los pasillos no hacía más grande las habitaciones. Eran tan pequeñas que no había sitio para las maletas. Margarita tenía la suya sobre una mesita y la mía tenía que ponerla sobre una minibutaca. Estábamos tan cerca de la tele que el mando a distancia era estrictamente decorativo y para entrar al baño casi había que desplazar la cama porque la puerta era más grande que toda la habitación.

Revueling

Una vez en el aeropuerto piensas tanto en la llegada que se te olvida el tema hotel. Sobre todo se te olvida cuando vives la experiencia de Vueling, que en el viaje de ida fue muy bien, pero en la vuelta... Nada más sentarnos, la tripulación nos presentó al piloto, un griego al que para mantener en el anonimato llamaremos Starbos F., o mejor, S. Filipousis (nota del autor: me he inventado el nombre para evitarme represalias de este hombre). El comandante Filipousis era un tío muy majo, no quiso que nos aburriéramos y puso el modo turbulencias ON. Pero bueno, esto al fin y al cabo confiaba en que fuera cosa de las condiciones atmosféricas. Sin embargo me entró la duda de las capacidades de pilotaje de Filipousis cuando iniciamos las maniobras de aproximación a Madrid. El comandante volvió a demostrar sus buenas maneras y decidió que todos teníamos derecho a disfrutar del paisaje: ahora doy un bandazo a la derecha y los de la derecha ven el suelo madrileño, ahora doy un bandazo a la izquierda y lo vemos los del lado izquierdo. ¡Que majo! Y por si nos lo habíamos perdido, lo repitió unas 10 veces.

Después de 5 días de aventuras, de dolores, cansancios y un vuelo digno de Aeropuerto 77, pisamos por fin suelo madrileño, Margarita diciendo "no vuelvo a montar en avión" y yo besando el suelo como el Papa.

Menos mal que el susto se nos pasó en unos días y ya pensamos en nuestro próximo viaje...

lunes, 10 de septiembre de 2007

El Arco del Triunfo y la rue Faubourg-Saint Honoré

A pesar de mi insistencia en comprar algún recuerdo en las tiendas de souvenirs de la rue Pigalle, Margarita me llevó al Arco del Triunfo. Estuve enfurruñado 10 minutos.

El Arco del Triunfo

Cuando se me pasó el enfado me puse a ver el famoso monumento. Está situado en el interior de una enorme rotonda a la que los turistas acceden de dos maneras posibles: los desequilibrados mentales se lanzan a la aventura cruzando la rotonda y esquivando los coches; los turistas normales cruzan por un subterráneo. Luego estamos los turistas-seta como Margarita y yo, que tras 5 días pateándonos la ciudad nos conformamos con verlo de lejos. Tampoco hay mucho que ver, teniendo la torre Eiffel, Notre Dame o el Sacre Coeur esto se me queda corto.

Estando allí disfrutamos de un momento-emoción. Cerca de nosotros, una pandilla de jovencitos españoles estaban armando más bulla que el fondo sur del Bernabeu en un Madrid-Barça. Lo que me tocó la fibra sensible es oír como esta chiquillería empapaba a los franceses de cultura española cantando el “No nos moverán” del siempre querido Chanquete (que en paz descanse).

La rue Fauburg-Saint Honoré

Chanquete y el Arco del Triunfo...semejante mezcla nos hizo temer que se rompiera el continuo espacio-tiempo y huimos de allí antes de que fuera demasiado tarde. Y llegamos a la rue Faubourg-Saint Honoré, una de las calles más caras de Europa. La tienda más cutre es de Versace, es una calle tan pija que no te dejan pasear por ella con zapatillas deportivas. Yo tuve que alquilar una corbata para recorrerla.

Rolls Royce en la rue FaubourgTeníamos intención de tomar fotos de los escaparates, pero en la primera tienda, no sabría decir si era un dependiente o un armario empotrado de 2x3 nos miró con cara de pocos amigos. A mi me sonaba su cara de haberle visto en “Los más buscados”, así que consideramos más prudente sacar las fotos de una revista Vogue.

Como ejemplo de lo que vimos en esos escaparates, a mi casi se me desprenden las retinas cuando vi el precio de un minibolso tan pequeño que en él no cabría la tarjeta de crédito con la que tendrías que pagarlo. Tenía el módico precio de 8000 euros.

El Sacre Coeur y Montmartre

El Sacre CoeurEn mi primer viaje a París no tuve la oportunidad de visitar el Sacre Coeur y Montmartre ya que éste es un barrio relativamente alejado del centro y no tuve tiempo. En esta ocasión, sin embargo, estaba convencido de visitarlo.

Las tiendas de souvenirs

Lo primero que uno se encuentra al salir del metro de Anvers, ya en el barrio de Montmartre, es la rue de Steinkerque, una calle donde en 100 metros hay 3659 tiendas de souvenirs. Nos las recorrimos todas.

Hora y media más tarde llegamos a los pies de la colina sobre la que se asienta el Sacre Coeur. Aun quedaba una buena subidita hasta la basílica, para la cual teníamos dos opciones, un funicular y unas interminables escaleras tan largas que hubiéramos necesitado un sherpa para subirlas. Así que, junto con otros 1000 turistas, nos fuimos hacia el funicular.

La basílica

Cuando llegamos a la basílica pudimos disfrutar de unas vistas panorámicas espectaculares de París. Además, el exterior del Sacre Coeur es espectacular, muy monumental. Todo esto hace que se trate de uno de mis monumentos favoritos de París, dominando desde aquí la ciudad no solo proporciona unas vistas preciosas sino que encima se le puede ver desde muchos puntos de París. Pero ahí no acaba todo. El Sacre Coeur visto desde Notre DameAquí tuve otro momento friki del viaje. Soy un auténtico fanático de la película Amelie y en el parque de la basílica se rodó una de las escenas más importantes y largas de la película. Me lié a tirar fotos a cualquier chorrada que me recordara a la película hasta que vi que Margarita me miraba con cara como de decir “¡Que tío más friki!”.

El boulevard de Clichy

Continuamos el paseo por la famosa rue Pigalle, llena también de multitud de tiendas de souvenirs con los simpáticos nombres del estilo de “Sexódromo” o “Peep show Pigalle”.

En esta misma calle se encuentra el Moulin Rouge que, por el día, resulta como poco decepcionante y su fachada es más sosa que la comida de un hospital. Aunque por la noche me han dicho que mejora muchísimo. No se, será que sale Nicole Kidman a recibirte.

El cementerio

Acabamos finalmente el recorrido por el barrio en el cementerio de Montmartre, aunque estuvimos poco tiempo dentro ya que nuestro aspecto físico era lamentable y podríamos ser confundidos con cadáveres con cierta facilidad.

jueves, 6 de septiembre de 2007

El metro

Metro de ParisEl penúltimo día en París fue el que más usamos el metro, en parte por nuestro cansancio y en parte para amortizar algo el bono transportes. Este bono cuesta 45 euros, tiene validez para 4 días y permite cualquier viaje en metro o RER entre París y puntos como Versalles o los 2 aeropuertos. En un principio a Margarita y a mi nos pareció obvio el tener que comprarlo. Al final del viaje nos pareció una mala compra. Si el hotel está en el centro, como lo estaba el nuestro, la mayoría de los desplazamientos se harán a pie y no se amortiza, para nada, el billete.

Un viaje al pasado

Entrar en el metro de París rejuvenece, si tienes 70 años creerás que tienes 20, porque se conservan los mismos vagones que tenían cuando se fundó. Eso sí, parece que van algo más rápido que entonces, lo cual se nota mucho cuando tienes que bajarte en alguna estación...si ese es tu caso, más vale que seas el campeón del mundo de gimnasia rítmica en la modalidad de aparato suelo, si no, vas listo, ya que tienen la bonita costumbre de abrir las puertas en movimiento y parar sólo como 2 segundos, que digo yo, que para eso no paren y así ganan tiempo. Aunque claro, tendrían que acolchar los andenes y eso cuesta dinero.

Yo creo que cuando se repartieron las escaleras automáticas en Francia, todas se las llevó el Centro Pompidou, quedándose el metro sin ninguna. Esto viene muy bien a los turistas que, cargando a pulso con las maletas, acabamos echando unos bíceps que ya los quisiera para sí Schwarzenegger.

Y qué decir de los trasbordos. Hay tanta distancia entre las distintas líneas que deberían poner un servicio especial de autobuses para ir de una a otra.

Cosas buenas

Para ser justos, hay varios aspectos del metro de París que me gustaron especialmente.

El primero: daban la mayoría de los mensajes de megafonía, además de en francés, ¡¡en castellano!!. La primera vez que los oí pensé que éramos el objetivo de una cámara oculta. Teniendo en cuenta que cuando estuve en Eurodisney me encontré con atracciones con los rótulos en francés, inglés, alemán, italiano y portugués ¡y ni rastro del castellano!, pues oír los mensajes en mi idioma me resultó, como poco sorprendente, ¡casi me emociono!

El segundo aspecto que me gustó, además especialmente: La señalización de las salidas. Numeradas. Tú te fijas en el mapa, miras la salida que te interesa, te quedas con el número, sigues las indicaciones para ese número y sales por donde quieres. No como en el metro de Madrid, que en Sol buscas la salida a la calle del Carmen y acabas saliendo por Arturo Soria.

El tercero: A diferencia de la primera vez que visité París, esta vez habían desaparecido los malos olores, lo cual es un alivio durante la media hora que tardas en cambiarte de línea o salir a la calle.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

El museo Rodin y los Inválidos

Al salir de Orsay, nuestro estado físico era tan lamentable como el de Tom Hanks en Naufrago, solo que encima nosotros no teníamos una pelota de voley que nos amenizara la jornada. En esos momentos, yo calculaba que tendría 6 fracturas y 2 esguinces en mi pie derecho, y una luxación de pelvis. Era tal nuestro estado que decidimos cambiar los planes para el resto del viaje, en lugar de pegarnos el palizón esa tarde y visitar Versalles al día siguiente, cancelaríamos Versalles y veríamos el resto de París con más calma.

El museo Rodin

Así que nos fuimos al museo Rodin, que pillaba muy cerquita de Orsay. El museo Rodin es magnífico, tiene un jardín con unos bancos estupendos donde puedes descansar bien a gusto. ¿Las esculturas? Pues desde el banco no se veían muy bien, pero al salir nos cruzamos con El pensador y El beso, que hacen honor a su fama. También pasamos por la tienda del museo, pero solo porque nos pillaba de camino hacia la salida, si no, ni entramos. Las reproducciones eran tan caras que pensamos que estarían hechas por el propio Rodin.
El pensadorEl beso













Los Inválidos

Y desde el museo Rodin nos dirigimos directamente a los Inválidos, como no podía ser de otra forma, para ver si nos podían inscribir a Margarita y a mí. Los Inválidos es magnífico, tiene un jardín con unos bancos estupendos donde puedes descansar bien a gusto. En el interior de los Inválidos se encontraba la tumba de Napoleón y una exposición de la Segunda Guerra Mundial con muy buena pinta, pero ambas visitas las descartamos porque no podíamos más.

El regreso al hotel

La parada de metro más cercana nos pillaba tan lejos que casi nos compensaba volver andando al hotel, y eso hicimos. De modo que en el paseo pudimos disfrutar de la enorme Explanada de los Inválidos y del Gran Palacio y del Pequeño Palacio, para terminar en la Plaza de la Concordia. La Plaza de la Concordia es magnífica, tiene un jardín con unos bancos estupendos donde puedes descansar bien a gusto.